Mejorar el actual modelo educativo, y no solo combatir la deserción escolar, es una de las alternativas para evitar la delincuencia juvenil.
Aunque la enseñanza en valores debe iniciar en el hogar, el Estado también es responsable de la formación de los jóvenes.
Pese a que la delincuencia siempre apuntará a reclutar menores de edad, la calidad educativa puede ser la clave para que no caigan en sus redes.

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