Fuentes dicen que Washington no prevé un ataque directo, pero mantiene todas las opciones abiertas
La Casa Blanca considera que una salida diplomática con Nicolás Maduro es hoy más probable que una acción militar directa, según fuentes citadas por Axios. El presidente Donald Trump habría manifestado a sus asesores su intención de hablar con el mandatario venezolano, aun después de que su administración lo designara como líder de una organización terrorista.
El gesto, que llega en medio de la ofensiva estadounidense contra el narcotráfico en el Caribe, revela un giro estratégico: Washington combina presión militar con un canal diplomático abierto. Un alto funcionario indicó que, aunque no se descartan operaciones futuras, “nadie planea entrar y dispararle o secuestrarlo en este momento”, y que la prioridad operativa sigue siendo el combate al tráfico de drogas.
La Operación Lanza del Sur, desplegada por EE. UU. desde 2024, ha provocado 83 muertes en 21 ataques con misiles contra embarcaciones señaladas de narcotráfico. Paralelamente, el Departamento de Estado designó a un presunto cartel venezolano como Organización Terrorista Extranjera, lo que amplía el marco legal para eventuales acciones militares.
El general Dan Caine, arquitecto de la operación Southern Spear, visitó Puerto Rico —base de unos 10.000 militares— para supervisar las misiones en curso. Aunque oficialmente están orientadas al control del narcotráfico, dentro del gobierno se reconoce que el objetivo último es forzar un cambio de régimen en Caracas, una meta que Trump ya había impulsado en su primer mandato.
Aun así, la Casa Blanca insiste en que no existe un plan de asesinato contra Maduro, aunque su salida del poder sería bien recibida. Una llamada entre los dos mandatarios se encuentra en fase de preparación.
Funcionarios estadounidenses creen que Maduro intentará ofrecer concesiones —elecciones, petróleo barato, distanciamiento de Rusia— como lo ha hecho en ocasiones anteriores, pero estiman que su margen para negociar es limitado: abandonar el poder podría poner en riesgo su vida a manos de sus propios aliados, especialmente la inteligencia cubana.
En la administración, Trump es considerado el principal impulsor de una línea dura frente a Venezuela, secundado por Stephen Miller y Marco Rubio, quienes han trabajado para mantener opciones militares vigentes y limitar voces contrarias dentro del Departamento de Estado. Rubio, que en 2019 frenó una intervención por falta de capacidad operativa, hoy sí cuenta con el despliegue necesario.
Por su parte, Richard Grenell ya había informado que Maduro ofreció recursos petroleros a EE. UU. en un intento de evitar una intervención, aunque negándose a dejar el poder, una condición inaceptable para Trump.
Según asesores del presidente, la Casa Blanca calcula que la vía diplomática tiene más probabilidades que un bombardeo, mientras Trump busca consolidar un legado enfocado en la lucha contra el narcotráfico: “Quiere ser recordado por haber hecho todo lo posible para detener el flujo de drogas ilegales hacia el país”, dijo una funcionaria.
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