Por: Germán Botero
Al pacificador Santos: ¿Gaona equivocado?
El Acuerdo de la Habana, un caso Harvard sobre cómo no negociar con subespecialización de cómo no negociar con terroristas.
Acertado, contundente, coherente el profesor Gaona en el consejo de seguridad. No sorprende. Ha demostrado su valía personal, ética y profesional.
Desconcierta, pero no sorprende, el expresidente Santos insistiendo en “el acuerdo modelo para el mundo”. Que eso lo dijera en octubre de 2026, vaya y venga. Aunque el acuerdo era con las FARC -aunque diezmado, principal actor- y dejaba por fuera no solo sus disidentes -previsibles pero no suficientemente en el acuerdo- la definición de “paz” y la proclama: “ la guerra en Colombia ha terminado” no era cierta, era un eslogan falaz. Ni siquiera terminó “la guerra” con las FARC, eso ya es un hecho protuberante, superado por la historia y la realidad, y que solo la obnubilación permitía pensar que era suficiente, que era “la paz”.
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Al pacificador Santos: ¿Gaona equivocado?
Insiste el expresidente en “incumplimientos” de los gobiernos, ¡pero no menciona los suyos ni los de las FARC! Diez criminales impunes durante dos cuatrienios en el congreso. Dos de ellos regresan a la guerra, la declaran, y el partido -¡que sigue llamándose FARC! – no pierde esas curules. “Mejor acuerdo imposible”, decían Santos y su grupo. No explicaban que era para las FARC. Incluía lavado de imagen actual y pasada como lo demuestra el enfoque y el dominio de la “memoria histórica”. No entregan ni una fracción de los recursos económicos y ni siquiera las armas.
Son enormes los costos de la esperpéntica JEP, evidente su sesgo ¡pro-farc! Reconoce a Iván Cepeda como “víctima” aunque siempre apoyó la guerra y a las FARC, de familia y de toda la vida. Un actor activo de la guerra, quizás no con armas, aunque sí “honrado” con frente guerrillero familiar) y ¡su esposa en la burocracia de la JEP, entrando y saliendo a conveniencia de su activismo político!
Que no era la paz, que no podía ser era obvio, pero no lo quisieron ver. Hoy eso es un hecho, la situación del país lo demuestra. ¿Fallas en la implementación? ¿Dónde estaba el ELN en la negociación? ¿No era obvio que habría tenido que estar y que si no estaba iba a aprovechar y a reencaucharse como consecuencia del acuerdo?

A diferencia de todo lo anterior, que son hechos ya consolidados, no puedo asegurar que todas las motivaciones de Santos se deban a su afán por el Nobel; tampoco a su sesgo y su mala fe, dudas que se acentúan con “la fase secreta” del acuerdo con rol activo de su hermano de tendencia claramente izquierdista”.
Al pacificador Santos: ¿Gaona equivocado?
Germán Botero – 4 de noviembre 2026
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