Lejos de ser un simple acto de buena educación, la tendencia a disculparse esconde un mecanismo para evadir conflictos
«Qué pena molestar», «disculpe la pregunta» o pedir perdón de manera automática tras un tropezón casual son frases comunes en el día a día. Sin embargo, cuando las disculpas se vuelven crónicas y aparecen en situaciones donde no se ha cometido ninguna falta real, los profesionales de la salud mental advierten que no se trata de simples buenos modales. Detrás de este hábito se esconde una necesidad inconsciente de manejar y contener el entorno afectivo de los demás.
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Expertos en psicología señalan que quienes se disculpan constantemente suelen cargar con la falsa creencia de que son los directos responsables del humor, el bienestar o la comodidad de quienes los rodean. De este modo, el «lo siento» deja de ser una herramienta para enmendar un error real y se transforma en un escudo protector frente al miedo al rechazo, la baja autoestima o la ansiedad.
La respuesta de apaciguamiento: un escudo desde la infancia
Esta conducta fue conceptualizada por el psicoterapeuta estadounidense Pete Walker bajo el término fawn response o «respuesta de apaciguamiento». Se trata de una táctica psicológica en la que el individuo busca complacer de forma sistemática y adelantarse a los deseos de los demás con el único fin de neutralizar cualquier asomo de tensión, hostilidad o abandono emocional. Con el tiempo, este método de supervivencia se automatiza, diluyendo la personalidad del individuo.
El origen de este comportamiento suele rastrearse en las vivencias de la niñez. De hecho, una investigación de la revista científica Healthcare reveló que los adultos que durante su infancia asumieron cargas emocionales ligadas a patologías de salud mental de sus padres, registran hoy mayores índices de angustia y vulnerabilidad psicológica.
El costo mental de asumir culpas ajenas
Adoptar la disculpa como un vicio del lenguaje genera consecuencias directas en el cerebro. Al pedir perdón de forma reiterada, se envía la señal interna de que la propia presencia o las opiniones personales resultan molestas o significan una carga para el entorno. A largo plazo, este patrón deteriora la autoconfianza, desibuja la capacidad de fijar límites individuales y desemboca en un profundo desgaste anímico.
Para romper este ciclo, los especialistas sugieren hacer una pausa reflexiva antes de emitir una disculpa y evaluar si realmente existe una responsabilidad directa sobre el hecho. Los terapeutas aconsejan transformar el enfoque y reemplazar el «lo siento» por fórmulas de reconocimiento hacia el otro, tales como «gracias por la paciencia», «gracias por escucharme» o «valoro tu tiempo». Al final, la verdadera empatía radica en comprender los sentimientos de los demás, no en cargar con el peso de ellos.
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— Hora13 Noticias (@hora13noticias) July 7, 2026

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