Humillaciones, desinformación y negligencia son formas de violencia que diversas madres enfrentan durante el parto
Suturas dolorosas, intervenciones sin consentimiento y frases intimidantes durante el parto no solo dejan un mal recuerdo: pueden generar cicatrices físicas, dolor persistente y una profunda desconfianza hacia el sistema de salud. Así lo revela un estudio de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), basado en relatos de mujeres que dieron a luz en hospitales y en partería urbana.
La investigación, liderada por la fisioterapeuta Yenny Paola Mora Gracia, magíster en Estudios de Género de la UNAL Sede Bogotá, encontró que la violencia durante el parto no siempre es reconocida como violencia de género en el momento en que ocurre. En diversos casos, las mujeres solo logran nombrarla años después, cuando reflexionan sobre las intervenciones médicas y el trato recibido.
Dolor físico y memoria corporal
“Me hicieron una sutura que a mí misma me daba pena; escuchaba que en el mismo servicio médico decían que me habían cosido como un costal. […] el cuerpo no es el mismo luego de tanta violencia”, relata Violeta, una de las participantes.
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Daniela, quien había tenido dos partos con parteras tradicionales antes de acudir a un hospital, asegura que la episiotomía practicada sin suficiente diálogo le dejó dolor persistente incluso años después. “Las marcas físicas me recuerdan qué las produjo”, afirma. En su caso, el dolor se convirtió en una memoria corporal que reactiva la experiencia vivida.
Según la investigadora, la medicalización excesiva, la falta de consentimiento informado y el uso de expresiones humillantes configuran escenarios donde la autonomía de las mujeres se ve limitada. Las decisiones sobre el cuerpo y el proceso reproductivo son asumidas por terceros sin suficiente diálogo, en un ambiente de desautorización y silenciamiento.
Cifras nacionales confirman el problema
Los hallazgos individuales coinciden con los resultados de la Encuesta Nacional de Parto y Nacimiento en Colombia, presentada en marzo de 2025 por el Movimiento Nacional por la Salud Sexual y Reproductiva en alianza con Profamilia y varias universidades.
El estudio analizó 2.943 partos en distintas regiones del país y reveló que el 42,2 % de las mujeres reportó situaciones de negligencia durante su parto; el 35,7 % señaló represión de emociones, y el 27,1 % manifestó haber recibido amenazas o intimidaciones por parte del personal de salud. Frases como “no le gustó, ahora aguántese” o “si no colabora su bebé se puede morir” evidencian que el maltrato verbal sigue presente en la atención obstétrica.
Nombrar la violencia para comprenderla
Desde una perspectiva feminista y de conocimiento situado, la investigación analizó tres partos hospitalarios, en instituciones públicas y privadas, y uno en partería urbana. A través de entrevistas semiestructuradas, cartografías corporales y ejercicios de escritura reflexiva, se exploró cómo las experiencias quedaron inscritas en el cuerpo y la memoria de las participantes.
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Las cartografías corporales consistieron en autorretratos acompañados de escritura libre, donde las mujeres “mapearon” cicatrices, zonas de dolor, tensiones y también procesos de resignificación. Este recurso permitió narrar desde la piel el miedo, la rabia o la tristeza, más allá de la cronología de los hechos.
“El principal hallazgo es que la violencia durante el parto muchas veces se naturaliza y solo adquiere nombre cuando las mujeres logran narrarla”, subraya la magíster Mora, quien aclara que recuperar el parto como suceso natural no implica rechazar la medicina, sino replantear prácticas y relaciones de poder.
Impacto colectivo y riesgo para la salud pública
Las consecuencias trascienden la experiencia individual. La ginecoobstetra Laura Leonor Gil Urbano, de la UNAL Sede Bogotá, advierte que cuando las mujeres desconfían del sistema de salud pueden evitar controles prenatales, citologías o vacunación, lo que incrementa el riesgo de complicaciones, cáncer de cérvix e infecciones.
“La desconfianza no solo afecta a la persona, sino que puede convertirse en un problema de salud pública mayor”, explica.
Aunque el Ministerio de Salud reportó que en 2024 la mortalidad materna disminuyó un 2,7 % frente a 2018, Colombia aún no cuenta con estadísticas oficiales que dimensionen la violencia obstétrica, señala la profesora María Luisa Rodríguez Peñaranda, de la Facultad de Derecho de la UNAL.
Avances normativos insuficientes
En las últimas dos décadas se han registrado avances legislativos, como la Ley 2244 de 2022 sobre parto digno, respetado y humanizado. Sin embargo, para Stella Conto, exmagistrada de la Sección Tercera del Consejo de Estado, el desarrollo normativo no basta sin un cambio cultural profundo.
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“Defender los derechos de las mujeres es complejo, incluso en las Altas Cortes. Se requiere remover obstáculos culturales como considerar que las mujeres están obligadas a soportar la violencia o justificar al agresor”, concluye.
El estudio de la UNAL advierte que mientras la violencia obstétrica siga naturalizándose en salas de parto, sus efectos no solo marcarán cuerpos individuales, sino que erosionarán la confianza colectiva en el sistema de salud.

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