Durante la estrategia, los niños fortalecieron su confianza, exploraron sus habilidades y construyeron nuevos caminos para su proyecto de vida.
Ese es el impacto que deja una nueva cohorte de Pasiones Chocolisto, un programa que, en alianza con la Universidad Pontificia Bolivariana y PAN Corporación Social, que certificó a cientos de menores en territorios de Medellín marcados por brechas educativas, digitales y sociales.
La iniciativa se desarrolla en las Ludotecas PAN, ubicadas en San Pablo, Popular 1, Palermo, Picacho y Paraíso. Estos espacios funcionan como entornos protectores para comunidades que conviven con violencia intrafamiliar, riesgos ambientales, desescolarización y un déficit profundo de oportunidades para la infancia. Allí, donde el juego se mezcla con el aprendizaje guiado, los niños encuentran la posibilidad de descubrir qué los apasiona y cómo esas pasiones pueden convertirse en una herramienta para su futuro.
A través de actividades como danza, música, dibujo y robótica, los participantes accedieron a experiencias que despiertan creatividad, pensamiento crítico y expresión emocional. Los contenidos fueron elaborados con el acompañamiento académico de la Universidad Pontificia Bolivariana a través de docentes especializados, metodologías propias y, por primera vez, módulos avanzados para quienes desean profundizar en las áreas que más los inspiran.
Rafael Zumaqué, estudiante del módulo avanzado de robótica en la Ludoteca Popular II cuenta que sueña con ser piloto o ingeniero: “Vengo hace dos años tres veces a la semana; aprender robótica es divertido y me ayuda a abrir puertas para el futuro”. También los Aranda Valentina Primera Romero, de 6 años, descubrió sus grandes pasiones a través de la danza: “Mi pasión es bailar, me gusta inventar pasos nuevos y bailar con mis amigas”.
Las ludotecas de la Corporación PAN continúan consolidándose como escenarios donde el acompañamiento emocional, la creatividad y el juego guiado permiten que los niños se reconozcan, se expresen y construyan nuevas maneras de verse a sí mismos. “Son espacios donde los niños se sienten seguros, escuchados y capaces. A través del arte, el juego y la tecnología fortalecen su identidad y desarrollan habilidades socioafectivas esenciales”, explica Lorena Osorno, coordinadora de estos centros.
Cada sesión busca que los niños participantes no solo aprendan una habilidad, sino que también construyan herramientas para la vida, confianza en sí mismos, capacidad para trabajar con otros, reconocimiento de sus emociones y la posibilidad de transformar su entorno desde lo que los hace brillar.
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— Hora13 Noticias (@hora13noticias) December 12, 2025

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