El fallecimiento de Elber O. G. en el Patio 8 de la cárcel de El Pedregal pone bajo la lupa la calidad de la atención sanitaria en el penal.
El fallecimiento de Elber O. G., un recluso en la Cárcel de Máxima y Mediana Seguridad El Pedregal de Medellín, ha provocado una seria acusación de presunta negligencia médica por parte de la Veeduría Penitenciaria Nacional. El incidente, ocurrido en el Patio 8 del penal, ha generado una profunda preocupación sobre las condiciones de salud y vida de la población carcelaria.
De acuerdo con la denuncia presentada por Jorge Carmona, defensor de derechos humanos de la población carcelaria, él fallecido fue llevado hasta en tres ocasiones a la zona de sanidad del establecimiento mientras manifestaba un malestar persistente.
«Los internos aseguran que a Ochoa Gómez le aplicaron una inyección y lo retornaron al patio sin ordenar una remisión a un centro hospitalario de la ciudad», detalló Carmona.
El defensor relató que, a pesar de la gravedad de sus síntomas, el personal médico habría decidido regresarlo a su celda sin autorizar su traslado a un hospital externo.
El desenlace fatal ocurrió poco después, en el mismo Patio 8, donde sus compañeros de reclusión aseguran que no recibió ni primeros auxilios ni la atención hospitalaria adecuada en el momento crítico.
Los internos de El Pedregal han señalado directamente al Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec), afirmando que la muerte de del recluso fue una consecuencia de un “físico descuido y negligencia institucional”. La Veeduría Penitenciaria ha intervenido para solicitar el inmediato esclarecimiento del caso, enfatizando la urgencia de garantizar el derecho fundamental a la salud y la vida dentro de los centros penitenciarios del país.
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La muerte de Elber agrava un panorama ya crítico en El Pedregal
Recientemente se han denunciado serias fallas en la alimentación, evidenciando una crisis humanitaria más amplia.
En un acto de protesta, internos del Patio 8 iniciaron una huelga de hambre para denunciar las condiciones «indignas» de las raciones de comida, las cuales, aseguran, representan un riesgo para su salud.
Las quejas de los reclusos y sus familiares describen un servicio de alimentación deficiente:
- Se reporta el consumo de “agua con gusanos” y “pollo mal preparado, crudo y podrido”.
- Familiares denuncian recibir “comida podrida, pollo crudo, ensaladas en descomposición” y “bebidas con sabor a jabón”.
A esto se suma la irregularidad en los horarios de entrega: los desayunos son servidos cerca del mediodía, los almuerzos después de las 8:00 p.m. y las cenas en la madrugada, lo que, según los afectados, está exacerbando las enfermedades dentro del penal.
La situación se complica por los precios exorbitantes de los alimentos en las ‘chazas’ internas —donde un enlatado puede costar hasta $20.000—, dejando a quienes no tienen recursos a merced de las raciones institucionales, consideradas no aptas para el consumo humano.
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